ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA C. 2025
Hoy, en la lectura del libro del Apocalipsis, podemos contemplar el cielo. Ante nosotros una visión que eleva más allá de lo terreno. Imágenes grandiosas que, aunque en un primer momento pueden sorprendernos, dibujan el plan de Dios para el hombre. Dios que quiere mostrarse en su interioridad. Dios que quiere salir a nuestro encuentro para salvarnos de todo lo negativo que el pecado ha generado en nosotros. Dios que, a pesar de nuestra debilidad, a pesar de todas las luchas que hemos de afrontar en el día a día, nos da esperanza. Y allí resalta clara la imagen de María.
Quizás nos preguntamos a dónde nos lleva una sociedad en la que hay egoísmos, envidias, odios, guerras… Y podemos tener la tentación de pensar que el hombre está abocado al fracaso, a ser engullido por un mundo que se vuelve hostil, que parece no tener solución. Pero, ¿es eso verdad? ¿Solo cabe la desesperación, el desaliento, la desesperanza? ¿Por qué hay esa sensación de derrota que parece llevar a callejones sin salida, a oscuridades cerradas a la luz? ¿Es que Dios se ha olvidado de nosotros? ¿Es que solo cabe, en el mejor de los casos, una resignación desanimante y vacía?
Claro que no. Dios sale al paso de todo. Tiene respuestas. No nos deja solos, abandonados a nuestra suerte. Esa lucha que se describe entre la mujer y el dragón, es prototipo de nuestras luchas diarias. Dios sale al paso del hombre en la historia: quiere devolverle todo lo que el pecado le había arrebatado. Existe la esperanza y no defrauda. ¡Cristo se ha entregado por nosotros en la Cruz! Nada está perdido. Dios hace nuevas todas las cosas, y nos abre el cielo. Todo resultará sencillo y lleno de luz. Dios nos lo ha ganado. Recordémoslo: su pasión, muerte y resurección es la gran Victoria.
1. El Arca de la Alianza. Con Moisés, Dios se hace presente a Israel en el Arca. Después de sus promesas a Abraham, vuelve a prometer fidelidad. En el Arca se guardaban las tablas de la ley, la bara de Aarón y el maná. Era una imagen, todavía pobre, de un Dios que vendrá a la tierra revestido de humanidad: Jesús, que enamorado del hombre nos regala la nueva ley, las bienaventuranzas que plenifican los mandamientos. Jesús, Hijo de Dios que tiene poder y autoridad: si Aarón hizo prodigios ante el Faraón, para liberar a Israel, Cristo con sus milagros libera de la enfermedad, de la muerte y del diablo. Y se nos da en alimento. La Nueva Arca de la Alianza será María, que lleva en su vientre al Redentor, y nos invita también a nosotros a llevarlo en el corazón. Cuando vivimos en gracia de Dios y lo acogemos, entregándonos a Él en verdad y amor, nos convertimos en Sagrarios vivientes.
2. Dios nos fortalece en la lucha. Esa lucha tremenda se da en el cielo y también en la tierra. No olvidemos que el enemigo sigue actuando. Ese dragón rojo es Satanás, que quiere hacer la guerra al hombre. No seamos ingenuos: el diablo existe. Pero no es un antagonista de Dios, no es su paralelo en negativo, eso es lo que a él le hubiera gustado. Es una mera criatura, Dios lo creó como ángel de luz, pero se reveló contra Él. Le pudo la soberbia: quería ser como Dios. Tuvo celos del hombre al que Dios amaba con toda el alma y, al volverse su enemigo, se convirtió en oscuridad. No le tengamos miedo al diablo: “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”. Jesús, desde su humanidad entregada, lo derrotó para siempre, aunque él se siga revolviendo para vengarse en el hombre. No nos dejemos llevar por sus mentiras, no entremos en sus tentaciones. Dios puede más.
3. Una figura portentosa: una mujer… Una mujer vestida de sol, la luna a sus pies. La imagen de la mujer se despliega en toda su riqueza. Ese estar vestida de sol nos muestra la Verdad, ese Sol que nace de lo alto que es el propio Cristo. Esa luna a sus pies es la imagen de la noche, que es todo lo que habla de oscuridad, de lo que aleja de la luz, de lo que nos aparta de Dios. Esa mujer que está encinta, porque va a dar a luz a la nueva humanidad. Esa que el diablo quiere destruir hiriéndola de muerte es María, que derrota al diablo porque es pureza virginal y lleva en su seno al Hijo de Dios. Pero esa mujer no nos habla tan solo de María: es también figura de la propia Iglesia, Madre nutricia que nos lleva de la mano hacia ese Camino, Verdad y Vida que es el propio Cristo. No hay que temer: Dios no nos abandona, ni abandonará. La victoria es de nuestro Dios. Bendito sea. Hay esperanza…
Hoy en tantos y tantos pueblos de nuestra geografía, se mira a María, Madre de Dios y Madre nuestra, Virgen Inmaculada, Asunta al cielo… Podemos decir de ti, María: más que tú, solo Dios.