BAUTISMO DEL SEÑOR. 2023

Con la fiesta del Bautismo del Señor acaba el tiempo de Navidad. A partir de aquí entraremos en el Tiempo ordinario, en el que se nos propone seguir los pasos de Jesús en su vida pública.

Nuestra Madre la Iglesia nos ha hecho ver que la encarnación del Hijo de Dios no es una ficción. Dios no se “disfraza” de hombre. Jesucristo toma carne humana y asume todo lo humano, menos el pecado. Se ha querido hacer uno más para mostrarnos que la vida del hombre puede tener ese brillo de lo eterno. Dios ha venido a nosotros para darnos a entender, de una manera clara, que nada de lo humano le es ajeno, que todo lo que pensamos, sentimos, vivimos…, Él también lo ha experimentado, no es una suposición nuestra. Es cierto: Jesucristo, Hijo de Dios vivo, ha adquirido la ciudadanía de lo humano, para conquistar para nosotros la ciudadanía del cielo.

Damos hoy un salto desde la infancia de Jesús a los primeros momentos de presencia pública. La inaugura con su Bautismo. Después del testimonio de los ángeles, de los pastores, de los magos, es ahora el Padre y el Espíritu Santo los que avalan a Jesús, el Señor, como el enviado del Padre que ha venido a revelarnos su amor, a darnos la Buena Noticia de Dios con nosotros. No hemos sido abandonados aquí abajo a nuestra suerte. Dios nos ama de una manera incondicional. No somos huérfanos, somos hijos y ese camino de amor que se inaugura con Cristo es vida de nuestra vida.

Es el Dios de la nueva Alianza el que irrumpe ahora en la historia: ese Dios Uno en esencia y trino en personas que nos revela Jesucristo, Dios y hombre verdadero. La Trinidad Beatísima se nos hace presente. La eternidad se ha metido en la Historia, el hombre tiene ya puntos de referencia en los que apoyarse, un camino claro por el que transitar. Dios se hace cercano. Es accesible.

1. Juan Bautista, el precursor. Anuncia al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, prepara el camino al Señor. Mientras tanto, el Padre nos invita a mirar a su Hijo. Estar atentos a lo que Él puede irnos mostrando. Dios no se nos viene encima como un tsunami arrollador: va dejando sus huellas con delicadeza, sin violentar y quiere que nosotros sigamos sus pasos, que descubramos a Dios en toda su dimensión. Y nos muestra algo fundamental: que el Señor cumple sus promesas. Después de recibir al Espíritu Santo en Pentecostés, lo explicará con claridad y sin complejos San Pedro, cabeza de los demás apóstoles. Sin miedo a nada ni a nadie, anuncia a Jesús que pasó haciendo el bien y, ungido por el Espíritu Santo fue haciendo su siembra en medio de los hombres. Y nos quiere invitar a vivir esa vida nueva de Cristo. Como hombres nuevos salvados por el Señor. 

2. Jesús acude a Juan para ser bautizado. Hace cola entre los que iban también a recibir ese bautismo. Juan protesta, pero Jesús le dice que se deje de protocolos y lo bautice como uno más. El bautismo de Juan era de conversión, de cambio de agujas, de camino abierto hacia el cielo. Solo la conversión interior puede facilitar entender la Buena Noticia del Evangelio que el Señor proclama. En esos momentos era un primer paso para facilitar esa apertura a Dios y como preludio del bautismo como sacramento bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero era necesario dar el paso definitivo: que el primero de los sacramentos surgiera del costado abierto de Cristo en la cruz. Con él se iniciará el itinerario de la vida como discípulo del Señor. Es la forma en que el Padre acogerá a sus nuevos hijos dentro de la Iglesia, la gran familia de los hijos de Dios.

3. Existe otro bautismo aún: el Bautismo en Espíritu Santo y fuego. Los cielos se habían abierto aquella noche intensa de Belén, pero ahora se abren los cielos de nuevo para señalar a Jesús como el Enviado, el Ungido. Es la Trinidad Beatísima la que habla al hombre: como Padre amoroso que nos ofrece a su Hijo para salvarnos, como el Mesías prometido que, frente al pecado de nuestros primeros padres, se entrega para restaurar en el hombre la imagen de Dios. Como Espíritu Santo que ilumina. Es el Espíritu Santo el que nos va a facilitar las cosas: pone luz en nuestro entendimiento para captar las cosas de Dios y, al mismo tiempo nos prende el corazón, para que nuestros afectos y sentimientos más profundos los alimente Él. El deleite de Dios es éste: ser reconocido como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Miramos a María que nos hará vivir de su Hijo.

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