C/ Nardo 44 28109 Alcobendas – Madrid

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ. 2025 (DOMINGO XXIV T. ORDINARIO C) 

Hoy la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Vaya… Es quizá uno de los temas más espinosos y delicados. Cuando “toca hablar de la Cruz” torcemos el gesto. Bastante tenemos ya… Buena está la vida como para abundar en el tema. Pero la Cruz es la señal del cristiano. ¿O no?

Después de siglos de persecución y martirio de los cristianos, fue el emperador Constantino quien, después de una gran victoria con el signo de la cruz en los escudos de sus soldados, dio carta blanca al cristianismo. Y al final acabó haciéndose cristiano. Su madre, Santa Elena, mujer de gran fe, emprendió una peregrinación a Tierra Santa, con un objetivo: encontrar la Cruz de Cristo. Era el año 326. Y ¿lo consiguió? Pues sí. ¿Y cómo lo hizo? Encontró el monte Calvario y allí, bajo los restos de un templo pagano descubrió tres cruces. ¿Cuál sería la verdadera? Tocó con cada una de ellas a una mujer enferma. Con las dos primeras no ocurrió nada, pero la tercera la curó. Ahí estaba.

¡Qué distintas son nuestras cruces sin apoyarnos en Dios! Pesan y… nada: dureza y dolor. Pero, abandonados en Cristo, y acogiendo la Cruz que nos ofrece, la Cruz se hace ligera y nos sana.

1. ¿Compensa hacerle la contra a Dios? Nuestras preguntas a Dios, cuando sólo vemos los problemas, se convierten en gritos. Nos encaramos con el Señor. Cansados, aburridos de la vida, heridos, enfermos, apaleados, llenos de negatividades… Reivindicamos nuestro derecho a ser felices y le echamos la culpa a Dios diciéndole que por qué permite eso, que dónde está, que no nos quiere, que nos abandona y nos deja tirados. Y aparece en nuestro corazón una imagen oscurecida y vacía del Señor. ¿De verdad imaginamos a Dios tal y como es? ¿De verdad Dios es malo y nos tiene como unos siervos a los que impone sus criterios para luego dejarnos colgados? ¿El verdadero retrato de Dios es ése? ¿Un Dios hiriente, un Dios déspota, un Dios que no nos considera nada? ¿Y eso se lo reprochamos a un Dios que se muere de amor por nosotros dejándose clavar desnudo en una Cruz? ¡Cuántas veces nos acabamos refugiando en las quejas! Las quejas que nos acorralan. Nos instalan en un dolor sin salida. Salgamos de ahí, apoyados en Él. Lamentarse es estéril, aprender es fecundo

2. Salgamos de nuestros esquemas humanos. Si le doy vueltas a mi yo, y aspiro solo a lo mío, a mis afanes, a conformarme con mis deseos materiales, acabo construyendo un mundo lineal, plano, y allí solo hay horizontalidad. Se convierte en un desierto donde abundan las alimañas, en un espacio deshabitado de Dios, en el que solo destaca el signo menos. Hay personas que solo saben ver el lado negativo de todo y destilan amargura. Echan en cara todo, sacan a relucir su lista de agravios. Y quieren quedarse por encima de los otros, sin darse cuenta de que las caras largas duelen y ahogan el amor. Dios nos invita a otra cosa: a una mirada más profunda, que descubre la grandeza en lo pequeño y nos enseña que, ofreciendo a Dios con amor lo aparentemente sin importancia, eso instala ya el cielo aquí en la tierra. Dios quiere que aprendamos a apuntar a lo alto para volver positivo lo que era negativo. Así convertimos el menos en más: en la señal de la Cruz. La puerta a lo eterno. Lo que resta es el pecado, lo que suma es la entrega. Así convertimos la Cruz en gracia.

3. La Cruz enseña a amar contracorriente. A contrapelo. Nos madura, nos curte en un amor que crece ante la dificultad. No es algo negativo, nos aparta del mal y nos facilita el bien, fortalece. Nos reconcilia con Dios, con nosotros mismos y con los demás. La Cruz es prólogo de una victoria rotunda, es entrega de vida que se vuelve resurrección, anuncio de gloria. Por la Cruz a la luz. Sin embargo, le tenemos miedo. Nos fastidia, porque nos obliga a ser “creativos” en el amor. Me digo: el que sufro soy yo, el que peco soy yo, el que se queda frustrado y acusa la derrota soy yo. Por eso no quiero encontrarme con la Cruz de frente, y acabo mirando para otro lado para no frustrarme. Lo fácil es eso, rechazarla, mirar para otro lado buscando compensaciones que no compensan. Hace poco nos recordaba el Papa León que el grito de Jesús que clama al padre en su sufrimiento “nos enseña, en nuestras noches oscuras, a ofrecerle nuestros gritos de dolor al Padre. Son gritos de esperanza en la hora de la prueba, que nos ayudan a confiar y a abrir el corazón al Dios que salva”.

Al pie de la Cruz, la Virgen Dolorosa mira a su Hijo y ve en él a cada uno de nosotros. Gracias.

Santa Misa. XXIV Domingo del T.O. Ciclo C
Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.