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Homilía Cristo como Camino, Verdad y Vida. V Domingo de Pascua

Homilía Cristo como Camino, Verdad y Vida - V Domingo de Pascua 2026 - Parroquia La Moraleja

Esta Homilía V Domingo de Pascua nos ofrece una reflexión profunda sobre la necesidad de la caridad en la verdad y la sed de autenticidad de nuestra alma. Descubrimos que Jesús es la única referencia verdadera que nos libra del egoísmo y nos conduce hacia el Padre. Puedes leer el pasaje completo del Evangelio aquí.

Homilía Cristo como Camino, Verdad y Vida. V Domingo de Pascua 2026

Hay una afirmación de la Escritura que es muy consoladora: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. No lo olvidemos: Dios es Padre y somos sus hijos, Cristo ha dado la vida por cada uno de nosotros, y el Espíritu Santo no dejará de darnos su luz y su fuerza para que llevarnos de la mano al gozo eterno. Podríamos decir, con todas las de la ley, que Dios no hace acepción de personas, abre los brazos para acoger a justos y pecadores. Nadie sobra, en la Iglesia caben todos. Pero… no todo da igual. Dios es misericordia. Y también justo juez.

Caridad en la Verdad: El corazón de la Homilía V Domingo de Pascua

Señor, que tenga esa apertura de mente y de corazón para escucharte, pero sin tapar ni justificar mis debilidades. Que llame a las cosas por su nombre, al bien bien y al mal mal. Ayúdame a perdonar y pedir perdón. Y, sobre todo, que no dé carta de naturaleza al pecado. El pecado es el gran enemigo del hombre porque hiere profundamente a Dios. La Iglesia acoge, porque es Madre buena, pero ha de haber en nosotros un deseo grande, y una tendencia aún mayor, a dejar de lado todo lo que nos aparta de Dios. Soy pecador, pero quiero salir de ahí: convertirme y cambiar de vida.

¿Qué ocurre cuando hay algo en mí que no se ajusta a esa Buena Noticia que Cristo ha venido a traer a la tierra? ¿Qué pasa si existe una fractura entre lo que pienso, lo que hago, lo que digo y lo que Dios me muestra, y me pide? ¿Qué haré si estoy entre lo que me apetece y lo que la Iglesia me recuerda que es de verdad seguir a Cristo…? Que, en esa confrontación, en ese pulso para ver quien queda por encima, Él o yo, diga sin dudarlo: Señor y Dios mío, Tú ganas, tuya es la victoria y el poder.

1. No soy yo, es Cristo que vive en mí.

¿Verdad sin amor? se convierte en fundamentalismo, ¿Amor sin verdad? se convierte en un sentimentalismo vacío y falto de consistencia. Caridad en la Verdad. Verdad en la Caridad. Podemos apoyarnos, más de lo que deberíamos, en que como Dios es misericordioso, todo vale. Eso sería hacer un Dios a nuestra medida, creer que, hagamos lo que hagamos, le da un poco igual, porque cierra los ojos, hace la vista gorda, y se deja engañar por sus hijos. Pero ¿es esa la imagen verdadera de Dios? ¿La de un Dios devaluado, que queremos adaptar a nuestro modo de vida, para que nos dé el sí a todo y permita todo? No podemos construir un cristianismo a la carta: soy cristiano, pero me quedo con lo que me conviene, con lo que me encaja, lo demás lo pongo entre paréntesis o, sencillamente, lo desecho. Y ya está. ¿Es esto el Evangelio?

2. No nos convirtamos en juez y parte.

Contaba Jacques Philippe, gran escritor de libros de espiritualidad, que se presentó a él una persona que decía ser cristiano, pero a su modo, según su criterio, diciendo a esto sí y aquello no. Él le contestó que le parecía muy bien que hubiera inventado una nueva religión, en la que él era el Papa, el sacerdote, el sacristán, todo a la vez, con una salvedad: sería el único fiel de esa religión que acababa de fundar. Estamos en tiempos de alimentos light, de cero calorías, pero eso, que vale para la nutrición, no lo podemos aplicar al alma, que ha de tener sed de autenticidad, algo que está muy lejos del sí pero no. Si desterramos el concepto de pecado, de culpa, no habrá puntos de referencia para descubrir lo verdadero, y nos dará igual cualquier cosa. No es lo mismo el oro y el latón. Si todo vale, nada tiene valor auténtico. Dios es también justo juez.

3. ¿Cuál es el verdadero concepto de misericordia?

Tenemos a veces la impresión de que el cielo es “café para todos”. Aunque sea rematadamente malo, me salvaré yo y todos conmigo. Pero, si eso es para mí la misericordia, me quito la posibilidad de “amar hasta que duela”. Y ahí, el amor verdadero no cabe “ni con calzador”. ¿Qué sentido tendría el gozo de hacer el bien, de la entrega a Cristo y a los demás? Si buscamos nuestra felicidad a costa de lo que sea, si pretendemos guardarnos las espaldas, absolviéndonos a nosotros mismos… ¿Para qué necesito a Dios, si yo soy el que dice lo que es bueno y lo que es malo, si soy yo la última referencia, el que que da el valor de todo? ¿Qué sentido tendría la Cruz redentora de Cristo? No necesitaría ser salvado, porque me salvo solo. ¿Y eso de verdad me convence? Dios mío, líbrame de ese sueño del maligno. Ten misericordia de mí.

Jesús lo dijo claro: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Señor que sueñe tus sueños de amor. Fuera la fiebre del egoísmo. María, Madre mía, sigue pisando ahora la cabeza de la serpiente.

Santa Misa. V Domingo de Pascua. Ciclo A

Si quieres profundizar más en el tiempo de Pascua, también puedes leer la homilía del Evangelio de Emaús donde vimos cómo reconocer al Señor al partir el pan o la homilía del Buen Pastor sobre la cercanía de Cristo que nos conoce y nos llama.

Que esta homilía de Cristo como Camino, Verdad y Vida nos ayude a recordar que solo en Él encontramos la auténtica libertad y el sentido de nuestra existencia. Que esta semana sepamos seguir sus huellas con valentía y alegría.

Párroco – D. Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo

Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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