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Homilía del Buen Pastor. IV Domingo de Pascua

Homilía del Buen Pastor. IV Domingo de Pascua 2026

Evangelio del Buen Pastor explicación IV Domingo de Pascua
Evangelio del Buen Pastor explicación

Esta homilía del Buen Pastor nos ofrece una reflexión profunda sobre la cercanía de Cristo, que nos conoce, nos llama y nos guía por el camino de la vida. En este IV Domingo del Tiempo de Pascua, descubrimos cómo el Señor es el Pastor que cuida de sus ovejas, las llama por su nombre y las conduce hacia la vida eterna. Puedes leer el pasaje completo del Evangelio del Buen Pastor aquí.

Reflexión de la homilía del Buen Pastor

Hoy es el domingo del Buen Pastor. Hemos repetido con el salmo responsorial un pasaje muy apreciado por todos y que suele leerse cuando se despide a una persona que acaba de fallecer. Es un salmo que da paz, que sosiega el alma: “El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar…” Es apaciguador. Con él nos sentimos acogidos por el Señor, y constatamos que su misericordia siempre sale a nuestro encuentro… si le dejamos entrar en nuestra alma. Claro que sí. ¡Estemos tranquilos! A pesar de los pesares, podemos confiar en el Dios de todo consuelo.

 Aunque a veces presumamos de fortaleza, de dominar la situación, de controlarlo todo y tener respuestas para todo, sabemos que en muchas ocasiones es mera pose. Nos hacemos los fuertes, pero ¿de verdad lo somos? Porque es bastante habitual que “la procesión vaya por dentro”.

Somos ídolos con pies de barro que, con un viento más fuerte de lo habitual, pueden caer por tierra y con estrépito. No podemos pretender que la vida se convierta en un avanzar a buen ritmo, sobre una alfombra mullida, mientras caen pétalos de rosa a nuestro paso. Seamos realistas: eso solo ocurre en los cuentos de hadas. La vida, nuestra vida, es otra cosa: es subir y bajar, es caer y levantarse, es encontrar muros y atravesar puentes. Nos encontramos con tantas cosas… A veces damos vueltas y más vueltas para volver al punto de partida, otras veces, sin saber cómo, salvamos escollos que nos parecían imposibles de afrontar. Y todo eso… ¿qué? Hemos de vivirlo sin quejas, sin aspavientos, con paz y con alegría, porque no estamos solos, Dios se brinda a acompañarnos.

Puntos clave de la homilía del Buen Pastor

1. No empeñarnos en “lo nuestro”.

Ni una teoría bien aprendida, ni experiencias sólidas, ni tener ya años donde se ha visto de todo, nos garantiza que tenemos ya la capacidad para ser solucionadores de ese un aluvión de cosas que, a veces, pugnan por desestabilizarnos. Sacar pecho no basta. Pero tampoco venirse abajo a la mínima contrariedad. Todo puede empeorar, pero todo puede mejorar. Viene una mala racha y pensamos que no saldremos de ella, o le echamos la culpa a Dios porque no merecemos ser vapuleados así. No nos dejemos arrollar.

De entrada, tengamos claras algunas cosas. Es preferible sufrir una injusticia que hacerla. Un mal no se soluciona con otro mal: algo así siempre empeora lo que quisiéramos quitarnos de en medio. Merece la pena apostar por el bien, la belleza, la verdad. Siempre hemos de fomentar más lo que une que lo que separa.

2. ¿Entonces? Realismo sobrenatural.

Con los pies en el suelo y la cabeza en el cielo. Podemos caer en lo que san Josemaría llamaba la mística “ojalatera”: ojalá esto no hubiera ocurrido, ojalá fuera más listo, ojalá tuviera un mejor puesto de trabajo, ojalá… Eso nos hace instalarnos en un quiero y no puedo, en unos ideales que no pisan tierra.

La solución no viene de que cambie el entorno, de que las cosas a mi alrededor se coloquen, de “catapultar” a mi jefe porque me hace la vida imposible, de que llueva o haga sol porque tengo por delante unos días de vacaciones. Depende de otra cosa: de apoyarme más en Dios, de dejarme ayudar, de plantearme las cosas más como un reto de amor que como un batallar en inferioridad de condiciones. “El Señor es mi Pastor, nada me falta”. Cuando ponemos a Dios en nuestro horizonte, las cosas se ven de muy diferente forma.

3. Cristo es la puerta abierta a la esperanza.

En un momento dado dirá San Pablo: “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”. Es verdad que a veces se acumulan las cargas, es verdad que a veces todo se vuelve “color de hormiga”, gris marengo tirando a negro. Es verdad que a veces pasamos momentos difíciles o muy difíciles… Pero “todo lo puedo en aquel que me conforta”.

Uno de los nombres con los que llamamos al Espíritu Santo es “Consolador”. Dios es Dios de todo consuelo. Él ha asumido todas nuestras cargas para liberarnos de esos pesos muertos que llevamos, en ocasiones, con amargura. Con la Cruz ha cargado todo lo que nos deja inmovilizados, o sin fuerzas para caminar. Cuando San Pedro nos dice que “sus heridas nos han curado”, repite a Isaías, que abrió caminos en ese sentido. Las llagas de Cristo son sanadoras de las nuestras.

La victoria de Cristo sobre todo mal, y sobre “el malo” se ha produjo ya en el Calvario y en el sepulcro vacío. Vamos a darnos cuenta, vamos a creérnoslo. Si no, María nos refrescará la memoria.

Santa Misa. IV Domingo de Pascua. Ciclo A

Si quieres profundizar más en el tiempo de Pascua, también puedes leer la homilía del Evangelio de Emaús donde vimos cómo reconocer al Señor al partir el pan.

Que esta homilía del Buen Pastor nos ayude a recordar que Él nos conoce por nuestro nombre y entrega su vida para que la nuestra tenga sentido. Que esta semana sepamos reconocer su voz entre todos los ruidos del camino.

Párroco – D. Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo

Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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