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Homilía del Evangelio de Emaús. III Domingo de Pascua

Homilía del Evangelio de Emaús. III Domingo de Pascua 2026

Homilía del Evangelio de Emaús - Parroquia La Moraleja.
Evangelio Emaús explicación

Esta homilía del Evangelio de Emaús nos invita a caminar junto a los discípulos que, en medio de su desolación, se encuentran con Cristo resucitado. En este III Domingo del Tiempo de Pascua, descubrimos cómo el Señor sale a nuestro encuentro, nos explica las Escrituras y se deja reconocer al partir el pan. Puedes leer el pasaje completo del Evangelio de Emaús aquí.

El Evangelio de Emaús y el encuentro con Cristo

El Evangelio de este domingo es muy evocador… Ha sido punto de referencia para revitalizar la fe de tantos… En concreto, los Retiros de Emaús están sirviendo para que muchas personas puedan tener o recuperar un encuentro personal con el Señor. A veces, tras de haberlo abandonado o perdido en el camino, o por puro desconocimiento, otras porque lo buscaban sin encontrarlo, o incluso después de enfadarse con Él. Los ojos se van abriendo, comienza el camino de vuelta a Dios, y se enciende el fuego de la fe. Podemos estar apagados y hay necesidad de esa luz clara para no dejarnos vencer, renovar ilusiones perdidas, y redescubrir al Señor, que va caminando con nosotros.

Aquel mismo día de la resurrección, después de mucho movimiento de un lado para otro, con noticias confusas, pero al mismo tiempo esperanzadoras, dos discípulos de Jesús vuelven a una aldea, cabizbajos y sin terminar de entender nada. Son imagen viva de quien está anclado en los propios esquemas, sin ser capaz de abrirse a las sorpresas de Dios. Y hay que dejarse encontrar…

El Señor nos rescata de ese inmovilismo, de rutinas y acostumbramientos que nos encierran en nosotros mismos. Quiere que miremos al frente y a lo alto. Y lo hace acercándose a nosotros sin forzar. Nos atrae con la seducción de un amor que nos gana. Emaús es una propuesta de amistad honda y recia, que transforma vidas desencantadas y nos hace redescubrir la maravilla de la Misa.

Claves de la homilía del Evangelio de Emaús.

1. Cristo camina con nosotros y nos devuelve la alegría

Quizá tenemos esa idea estática de Dios, que está en su trono, y nos mira desde arriba, desde lejos, sin involucrarse mucho. En Emaús, dos caminan y solo sabemos un nombre: Caifás. ¿Y el otro? Cada uno de nosotros. Estamos como ellos, tristones y de vuelta de todo, porque la vida vapulea y cuesta ir contra corriente, sin damos cuenta de que vivir sin dificultades es una vana ilusión.

Los propios esquemas, aun sin ser malos, llevan a darnos vueltas a nosotros mismos. Otras veces es la impaciencia: estamos con Dios, pero no terminamos de entrar en los tiempos de Dios, porque creemos que llegamos tarde, o demasiado pronto. De Dios es el tiempo y la eternidad, decíamos en la Vigilia Pascual, pero quisiéramos que fuera nuestro ritmo el que prevaleciera. Sin embargo, es Dios el que se nos acerca para que salgamos de nosotros mismos, de todo desencanto, y devolvernos la alegría de sentirnos salvados por Él.

2. Cristo es Palabra viva que nos renueva por dentro

No olvidemos que Cristo es la Palabra eterna de Dios, que ha irrumpido en la historia para conectarnos con ese Dios Padre de misericordia y Dios de todo consuelo. Nuestro Jesús nos ha enseñado a llamarlo Abbá, Padre, con ese tono diminutivo que usan y usaban los niños pequeños en Israel para llamar a su papá. ¡Qué sonido tan entrañable! Cristo ha venido a mostrarnos la intimidad de Dios y a proclamar que el Reino de Dios está dentro de nosotros. Y lo hace con obras y palabras.

Sí. Tú Señor, tienes palabras de vida eterna. Dios no es un Dios mudo, al que es difícil entender. Nos ha hablado y esa escucha de la Palabra es lo que nos da vigor por dentro para hacer nuevas todas las cosas. Hoy podemos decir con el profeta: “habla, Señor, que tu siervo escucha”. No olvidemos que la oración no puede ser un monólogo donde le hablamos y Él escucha. Es diálogo, y un diálogo de amor: Dios habla y hemos de escucharle.

3. Cristo se nos da en el Sagrado banquete: la Santa Misa.

En la Última Cena ocurrió algo que transformaría la vida de los discípulos. Y ese estar a la mesa con Él… fue la anticipación del misterio de amor que culminaría en el Calvario. Jesús se ofrece al Padre para salvarnos del pecado, del sufrimiento, de la misma muerte. Y se hace alimento de vida eterna: “tomad y comed, tomad y bebed, esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”.

La Santa Misa renueva en la historia esa entrega que es total y salvadora. Pues bien, allí en ese caminar de Jesús con los que iban ya de vuelta de todo, se concreta la esencia de la Eucaristía, centro y raíz de la vida de la Iglesia, de la vida interior de cada uno de nosotros. La Santa Misa que es encontrarse con Jesús, Palabra eterna de Dios, y encontrarse con quien se entrega: alimento del alma en el camino de la vida. Partir y compartir el Pan es el gesto con el que el sacerdote en la misa nos trae otra vez a Cristo a la tierra. Jesús nos dice: “Venid a mí”.

¿Te imaginas a María en las misas de los apóstoles? Pues ahora, participa con nosotros.

Santa Misa. III Domingo de Pascua. Ciclo A

Al igual que meditamos en la homilía del Buen Pastor, donde Cristo nos guía, en el camino de Emaús aprendemos a sentir arder nuestro corazón.

Que esta homilía del Evangelio de Emaús sea para nosotros una llamada a reconocer a Cristo en el camino de nuestra vida y, sobre todo, al partir el pan. Que nuestro corazón siga ardiendo al escuchar su Palabra.

Párroco – D. Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo

Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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