C/ Nardo 44 28109 Alcobendas – Madrid

II

D.Alfonso. Homilía

II DOMINGO T. ADVIENTO A. 2025

Durante el Tiempo de Adviento nos encontramos ineludiblemente con la figura de Juan el Bautista, que fue santificado en el seno de Isabel su madre con la visita de María. El saludo entre dos niños no nacidos: el Hijo de Dios y el precursor, Juan, que, llegado el momento, asume su papel de anunciar con vigor al Mesías. Y lo va a hacer mostrando la verdad, que siempre escuece.

Juan es la conciencia de un Pueblo, Israel, que ha estado dando largas a Dios. Justificando a veces, lo injustificable. ¿Qué hará Juan? Exigir la conversión, esencial para recibir al Señor que viene a salvarnos. Hoy con su impulso me reconozco en mi pobreza, para que Dios me llene de su riqueza.

Y… ¿qué significa convertirse? Darme cuenta de que no soy un dechado de virtudes, el hombre perfecto. Volvemos sobre una idea que ha de resonar en nuestro corazón: aunque no me guste nada, soy débil, hay cosas en mí que no están bien, soy pecador. Me puede fastidiar, puedo decir que eso es falso. Pero, ahí está. Y eso implica… Cambiar de vida. No es tapar con maquillaje las deficiencias y pecados. Es otra cosa bien distinta: es echar fuera de nosotros lo que nos aparta de Dios y de los demás Es reconocer que lo blanco es blanco es blanco y lo negro, negro. Y eso exige compromiso. Fuera superficialidades. Las cosas tal y como son, porque si no nos engañaremos.

1. Distínganos entre el bien del mal. No hay que dar nada por supuesto. Nada en nadie. Estamos en un momento en que parece que hay que explicar todo, porque nos da la impresión de ser nosotros los que hemos descubierto el mundo. Y el mundo lleva girando mucho tiempo. Hemos inventado la luz eléctrica, pero ¿tenemos más luces? Porque nuestros abuelos se fiaban más los unos de los otros y eran capaces de mantener la palabra dada sin firmar nada. El progreso científico no trae consigo un progreso moral. Vale por la Inteligencia artificial, pero no nos creamos que eso nos va a hacer mejores personas. No todo lo que es posible es aceptable. Hay acciones que pueden ir en contra de nuestra humanidad, porque nos degradan o reducen todo a lo material y eso nos mete en callejones sin salida. Una cosa no puede ser mala y buena al mismo tiempo. No da igual todo.

2. No nos acostumbremos al pecado. La mentira, la hipocresía, el cinismo, tratar al que no piensa igual que yo como enemigo, no es una opción más que pueda tomar carta de naturaleza en nuestra vida cotidiana. La verdad verdadera siempre apunta a Dios venga de donde venga, porque es uno de sus nombres: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Buscar el bien, la verdad, la belleza, nos llevará a un encuentro gozoso con Dios. No nos dejemos manipular: mil mentiras no hacen una sola verdad. Para eso es fundamental hacer el bien, un bien que es saludable, que no lo disfruto yo solo, porque no puedo ser feliz a costa de hacer infelices a los demás. Un índice: piensa en los que tienes alrededor: tus acciones, tu manera de ser pueden herirlos, hacer su vida amarga o imposible. Y ¿eso te importa, o te da igual? ¿Te quejarás entonces de que te hieran o amarguen también a ti?

3. ¿Qué es ser bautizado en Espíritu Santo y fuego? El fuego es purificador porque separa lo que sirve y lo que no sirve para nada. El oro puesto al fuego echa fuera sus impurezas. El Espíritu Santo es el que nos hacer distinguir las cosas. Es Señor y Dador de vida. No nos empeñemos en lo nuestro y apostemos por lo suyo. ¿Merece la pena tanto apegamiento a lo de aquí abajo? ¿Dónde dejamos entonces lo esencial? Juan el Bautista vive la austeridad más absoluta: viste piel de camello y, en el desierto, se alimenta de langostas y miel silvestre. Vale, no tenemos que llegar a tanto. Pero, párate un momento y medita. ¡Cuánta carga llevo encima que me pesa y no sirve para nada! Soltemos amarras y dejemos que el Espíritu modele nuestro corazón, para albergar en él los mismos sentimientos que Cristo Jesús. Será entonces cuando notemos con fuerza el fuego del amor de Dios.

Da la impresión, en ocasiones, de que las certezas se ven como el gran peligro. Quien tiene claras las cosas es como si fuera una amenaza para los demás, porque ven tambalearse las pocas convicciones que pueden tener. La verdad libera y nos hace ver que no valen las medias tintas. Voy a hacer como la Virgen, como Juan el Bautista, echan fuera el tener: saben que con Dios lo tienen todo. Pidamos ese desprendimiento de nosotros mismos para que Dios nazca en nuestro interior.

Santa Misa. II Domingo de Adviento. Ciclo A
Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.