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MISA DEL GALLO

NOCHEBUENA. MISA DE MEDIANOCHE. 2025

No la podemos dormir, porque esta noche santa va a convertirse en día. El Sol que nace de lo alto viene a la tierra. Tres palabras marcan el ritmo de lo que la Iglesia quiere transmitirnos: luz, alegría y paz. Son los signos de un Dios grandioso que sale a nuestro encuentro para ser Vida y darnos la Vida. Dios fuerte, Dios que no se esconde: se nos muestra. Míralo. No es un Dios lejano, despreocupado y volcado en sí mismo, es “Dios con nosotros”. Es condescendiente, no se acerca para hacernos reproches, al contrario: “sin hacer alarde de su categoría de Dios, se despoja de su rango, para ser uno de tantos”. Un Dios Niño que viene a nosotros y nos marca el camino.

El gran acontecimiento pasa inadverdido a los ojos de los hombres. Nacerá en pobreza, en un establo. Busca morada y no hay para Él. Allí están José y María que lo envuelve en pañales. Y unos animales le dan calor. Nace sin hacer ruido. En sencillez, en humildad, lo que a Dios le gusta.

El cielo, que no puede callar, se abre para que los Ángeles canten y glorifiquen al que es Rey de la Gloria. Su canto resuena armónico, nada hay estridente. Su sencillez atrae a los sencillos, a los que tienen corazón para apreciarlo: unos pastores que cuidan sus rebaños y son los primeros destinatarios de esa noticia que va a transformar la Historia. En esos momentos son los únicos que pueden entender cómo actúa Dios. No es un guerrero dispuesto a someter a los poderes del mundo, es un Niño recién nacido que no para de sonreír. ¿Nos atreveremos a ir al Portal y adorarlo?

Señor y Dios mío, gracias. Hasta ahí llega tu amor. De Ti ha dicho el profeta cosas increíbles que ahora resuenan: “Maravilla de consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la Paz”.

1. Luz. Un mundo sin Dios va como a tientas, tropieza y cae, pero sigue caminando dando traspiés porque no quiere reconocer la luz verdadera. Hemos puesto muchas luces en nuestras calles y está bien, son bonitas: sin embargo, son luces que terminarán apagándose y volveremos a la grisura de una vida que no despega. Lo que importa y mucho es esa luz interior que hemos de encender para que brille Dios en nosotros. Hay mucha soledad, mucha orfandad: tantos y tantos que no serán capaces de descubrir que son amados por Dios, que merece la pena vivir y merece la pena acoger la Verdad que es otro nombre de Dios y no se impone porque es la única que nos libera de todas nuestras oscuridades, de todos esos engaños que nos impiden avanzar. La Verdad que nos dice que no estamos hechos para rellenar un mundo vacío, que contamos y mucho ante Dios.

2. Alegría. Hemos ido caminando este último tiempo en un año Jubilar de la esperanza. No podemos vivir de un pasado de nostalgia, o un pasado que nos pesa. No todo tiempo pasado fue mejor, estamos aquí en la tierra para aprender de lo que tantos y tantos nos han enseñado, de todo ese amor que se ha acogido, que se ha dado y ha sido fecundo. La historia no empieza con nosotros. Debemos mucho a los que han trabajado para hacer presente a Dios. La vida se nos llena de alegría y esperanza por todos los santos que nos dicen al oído y, a veces, a gritos, que es posible. Aunque nos parezca difícil, todo es posible para Dios. El Niño Dios nos recuerda que el pasado oscuro hemos de ponerlo en sus manos, para que transforme el pecado en gracia. No lo dejemos entrar. Todo es para el bien de los que aman a Dios. Las hojas secan serán abono para convertirse en primavera.

3. Paz. Los Ángeles lo anuncian: “paz a los hombres de buena voluntad”. Esta expresión también se puede traducir: “paz a los hombres que aman a Dios”. Es, a fin de cuentas, lo mismo. Amar es tener buena voluntad, la buena voluntad de hacer el bien y no el mal, de aprender a querer a todos, y en todos… están todos incluidos, ¿también esos? Esos también. El Niño Dios no tiene ojos selectivos, mira a todos y es una mirada de amor, de misericordia. Por eso sonríe. En ocasiones se dice que la Navidad puede ser un momento de discusiones, de reproches… Hay que pedirle que nos libre de todo resentimientos, de todo rencor. No podemos vivir del pasado de culpas pasadas propias o ajenas. Es tiempo de perdón, pero sin condiciones. Es tiempo de no echar ni echarnos nada en cara. La sonrisa del “Dios con nosotros” nos lo está pidiendo. ¡No defraudemos su amor!

Mira la estampa: el buey y la mula con los ojos muy abiertos y dando calor al Niño Dios. María y José pendientes del Niño, de cualquier cosa que pueda necesitar. ¿Qué necesitas, Jesús mío, de cada uno de nosotros? Que nos rindamos ante Ti, y te amemos, pero con obras y de las buenas.

Santa Misa del Gallo. Ciclo A
Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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