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SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. 2026

El primer día del año empieza con una bendición, la que enseñó Dios a Moisés: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. San Pablo la rematará: “Bendecid, sí, no maldigáis”. Siempre podemos ver más lo bueno que lo malo, más lo que une que lo que separa, más la verdad que la mentira. Esa verdad auténtica y completa no es patrimonio de unos pocos, está al alcance del que la busca con anhelo y no la secuestra. Uno de los nombres que se dio Jesús fue ése: Verdad. Y nos quiere hacer ese regalo a todos, sin excepción, sin manipulaciones. A Dios le entusiasma que todo lo iniciemos con Él como su fuente y que, con la mayor confianza, apuntemos a Él y esperemos en Él como nuestra meta.

En este principio del año ¿qué haremos? ¿Mirar al pasado con nostalgia, o viendo en él la suma de las desdichas? Dejémoslo mejor a su misericordia para que Él purifique nuestra memoria y nos dé su paz. ¿Y cómo afrontar el futuro que viene? ¿con incertidumbre, con temor…? Si me dejo llevar por el propio yo, quizá haya motivos para agobiarme… Voy a vivirlo con Dios y para Dios.

1. No permitamos un mundo polarizado. Somos cada vez más suspicaces y quizá, sin darnos cuenta, se nos meten en el alma esas reticencias o rencores hacia los demás y, a partir de ahí, un espíritu de sospecha que nos lleva a ver enemigos por todas partes: “a ver por dónde va a salir éste ahora, porque hay quien, si no lo fastidia a la entrada, lo fastidia a la salida”. Confiamos en nosotros mismos, pero eso de confiar en los demás, se nos hace un mundo. ¿Los demás qué son para ti? ¿Amigos o enemigos? Establecemos un grupo: el de los nuestros, y colocamos enfrente otro grupo: el de los demás, los que no piensan como yo. Blanco o negro. Pero la vida no es eso: existen los matices, los colores son muy variados y no se mueven solo en la gama de los grises. Si miro con desconfianza al otro, sin darle la posibilidad de réplica, y bloqueo mis oídos, me saldrá el juicio: “lo mío sí que merece la pena, lo que piensen o digan los demás me importa nada y menos que nada, yo con lo mío tengo bastante”. Pero de todo y de todos podemos aprender. Así iremos creciendo.

2. Ahoguemos el mal en abundancia de bien. El tono positivo, ese optimismo sobrenatural, ese hacer las cosas de cara a Dios y dejar que Él vaya por delante marcándonos el camino, es lo que nos pondrá en condiciones de vivir con verdadera alegría y paz. Si solo confiamos en nosotros mismos acabaremos, más tarde o más temprano, en callejones sin salida. Ante tantas insinuaciones y seducciones de un mundo que quiere marcarnos el ritmo, responderemos con Santa Teresa: “solo Dios basta”. Porque: “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” Habrá dificultades, tendremos problemas que nos acompañarán siempre. Sin embargo, no cabe dejarse atrapar por el desaliento o por el desánimo. La tentación estará ahí llamando una y otra vez a nuestra puerta, pero no hay que dejarla entrar. Optar por el mal, aunque sea una pequeñez, aunque parezca que no hay otro camino, nunca es la solución. Elegir la verdad, la belleza, el bien, siempre es posible. Miremos a Dios y no nos dejaremos esclavizar por esos miedos que bloquean. De Dios es la victoria y el poder.

3. Confiemos en Dios, de la mano de María. El primer día del año elevamos la mirada, con un amor grande a Nuestra Madre la Virgen. Su Hijo, Jesús, no puede negarle nada. Así le haremos una muy sentida declaración de intenciones: “acudimos a ti, María, porque siempre serás Madre, sé siempre nuestro apoyo. Queremos ejercer como hijos tuyos y depositamos en ti toda nuestra esperanza”. A Jesús siempre se va y se vuelve por María. Su “sí” abrió la historia a Dios y la llenó de eternidad. Gracias, María, poque eres hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo, templo y sagrario de la Santísima Trinidad. Allá por el siglo III, se acuñó una oración dirigida a la Virgen, luego repetida a lo largo de los siglos: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh, Virgen gloriosa y bendita! Amén. Como hijos de Dios haremos eco a esa oración y recurriremos a su intercesión como camino seguro para llegar a su Hijo, Nuestro Salvador, Jesús.

Quizá lo que más nos puede llenar de paz el alma es hacer una declaración de intenciones, para decirle a Dios: “cuenta conmigo, en toda circunstancia y situación. ¡Quiero ser un hijo fiel!”

Santa Misa. Santa María Madre de Dios. Ciclo A
Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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