V DOMINGO T. PASCUA C. 2025
Constantemente vemos, a nuestro alrededor, situaciones que nos intranquilizan, que brotan de un mundo que está agitado. Entonces nos surge la pregunta: y nosotros, con todo lo que hay por un sitio y por otro, ¿qué tenemos que hacer, por dónde tirar? Lo queremos todo, ganar una maratón sin despeinarnos… Y eso no es posible. Nos quejamos, a veces, de que esto o aquello no lo logramos porque es muy difícil y no llegamos. Por nosotros mismos bien poco podemos, pero con Dios somos capaces de todo. Y es que hay que elegir, y bien: una vida cómoda o un corazón enamorado.
Durante todo este tiempo de Pascua se nos cuenta la historia de los apóstoles después de la Ascensión del Señor y de haber recibido el Espíritu Santo en Pentecostés, Y ¿qué vamos sacando como conclusión? que Dios está con los suyos, y el Espíritu Santo les da la fuerza para sacar todo adelante. Que, a pesar de las dificultades, van extendiendo la Buena Noticia del Evangelio por todos los lugares. Sin internet, sin medios de comunicación, sin aviones para acortar el tiempo al ir de un sitio a otro… Con todo tipo de situaciones, a veces límite. Dios se hace presente y ellos le hacen eco.
Hoy, materialmente, quizá lo tengamos todo, o al menos creemos que lo podemos conseguir todo. ¿Y con eso ya está todo solucionado? Miramos a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos, y no se nos ve precisamente felices. Nuestro corazón está endurecido y vacío. ¿Qué hacer?
1. Fiarnos de Dios y perseverar en la fe. Aunque no lo reconozcamos, somos muy nuestros. Nos creemos muy listos y capaces. Quizá apostemos por el progreso, está en la boca de todos, pero esa palabra oculta algo en su interior: es un espejismo, un engaño manifiesto. Progresar ¿hacia dónde? ¿Creemos, de verdad, que el hombre es el único que puede sacar las cosas adelante, que sabe de dónde viene y a donde va? No seamos ingenuos, fallamos más que una escopeta de feria. ¿Los solucionadores de todo? Trabajamos por algo y no sale. Nos quedamos hundidos en la miseria y no levantamos cabeza… ¡Vaya creadores de progreso! Seamos humildes y descubramos de verdad a Dios que es el que va por delante y nos ama tanto que ha dado su vida por nosotros. Fíate de Él, que te quiere más que tú mismo. Confía. Dile al Señor que te aumente la fe y persevera en lo que Él te va mostrando. Sigue sus pasos, Él tiene el mejor GPS, con una ventaja: funciona sin internet
2. Dios hace nuevas todas las cosas. El resultado del Cónclave nos debe hacer pensar. Había una expectación grande y estábamos debatiéndonos entre sentimientos encontrados: expectación, miedo, esperanza… Quien más, quien menos se hacía su composición de lugar: queremos esto, no queremos lo otro, suenan estos nombres, quién será… Y no era cuestión de periodistas intoxicando la opinión pública, todos más o menos nos creíamos expertos en el asunto. Una cosa buena sí que se percibió por parte de todos: la unanimidad a la hora de rezar. Toda la Iglesia estaba rezando. ¿Y qué pasó? Que se vinieron abajo todas las quinielas: el cónclave fue corto y la votación, por lo que se ha ido filtrando, fue casi abrumadora. ¿Y quién salió? El candidato de Dios. El Espíritu Santo, que siempre tiene un as en la manga, nos ha dado un pastor no a nuestro gusto, sino un Padre y Pastor según su Corazón. Dios que hace nuevas todas las cosas. ¿Y todavía vamos a desconfiar del Señor?
3. El gran secreto: aprender a amar. Estamos muy pendientes de tenerlo todo controlado, de creernos que dominamos todos los resortes: porque tengo estudios, porque tengo experiencia, porque sé hacer frente a lo que se me ponga por delante… Está bien, estamos muy preparados y somos muy eficaces, pero con tantos valores en el currículum, a ver si va a ser que no necesitamos a Dios… ¿Contamos verdaderamente con Dios? ¿Nos apoyamos verdaderamente en Cristo, que ha dado su vida por nosotros? La palabra Cristo y paz son, posiblemente, las más repetidas por el nuevo Papa, León XIV. ¿Filtramos todo lo nuestro el Corazón de Jesús que arde en amor por nosotros…? Si no tenemos una unión íntima y auténtica con el Señor ¿qué podemos esperar? Hay dos conceptos que no casan entre sí: eficacia y santidad. ¿Qué elegiremos…? Podemos pensar que eso de aprender a amar es una cosa sensiblera y facilona. Jesús se dejó crucificar por amor. ¿Y si seguimos sus huellas?
Mira a María y quédate prendado de sus ojos de Madre. ¿Qué ves en ellos? Un afán claro, rotundo, de mostrarnos su apuesta por nosotros. Nos ama. Enséñanos Madre a hacer lo mismo.