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V DOMINGO T. ORDINARIO A. 2026

Nos miramos mucho a nosotros mismos. Aunque lo neguemos con nuestros labios, nuestras acciones nos delatan: “primero yo, después yo y, en todo momento, yo”. Somos supuestamente cada vez más solidarios, pero buscamos al mismo tiempo quedar bien ante los demás y, sobre todo, ante nosotros mismos; decimos que somos más tolerantes, cuando los que nos tienen que tolerar son los otros, porque, por nuestra parte, nos quedamos con lo nuestro y vemos un agravio cuando piensan u opinan de modo distinto. Quizá tendríamos que distinguir más entre lo que somos y lo que deseamos ser, entre lo que hacemos y lo que queremos que piensen de nosotros al hacerlo.

Sin embargo, las lecturas de este domingo nos recuerdan lo contrario. No podemos actuar como si fuéramos únicos en el mundo. No se trata de estar yo a gusto y que lo demás me importe poco o nada. Vivimos con los demás y los demás no son números, son personas, son hijos de Dios como nosotros. Y valen, piensan, sienten… Aunque se nos atraviesen, o los señalemos con el dedo, también son amados por Dios. Eso lo sabemos. De acuerdo, pero ¿lo traducimos en hechos…?

La lectura del profeta Isaías nos da claves que no podemos olvidar y que van más allá del… “no hagas a otro lo que no quieras que hagan contigo”. Eso, con ser algo es todavía muy poco: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas [y…] se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. (…) Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».  

1. Dios nos hace una propuesta. Que nos demos de verdad a los demás. Y nos promete unos efectos: eso nos rescatará de nuestros egoísmos… Nos asegura que esa caridad es incluso más beneficiosa para nosotros que para quienes ayudamos. Es camino de amor y crecimiento personal. Dios propone algo “ambicioso” que tiene que ver más con el amor fraterno aprendido de Él que con justificaciones tranquilizadoras de conciencias Podemos pensar que eso que nos pide es heroico, que no está a la altura de cualquiera, pero va más allá, es una exigencia del amor de Dios, que nos ha confiado ese tesoro. No lo guardemos con siete llaves, para no quedar contaminados por el mundo. Somos depositarios de la buena noticia del Dios con nosotros, que nos llama a transformar lo mundano en divino. ¿Vamos a cruzarnos de brazos? Está en juego esa caridad de la buena.

2. Sois la sal de la tierra. La sal preserva los alimentos y les da un sabor nuevo que los hace más apetecibles. Ser sal en un mundo insípido es hacer atractivo el mensaje de Cristo, porque lo es. No es una cuestión de marketing para vender un producto, es dar a manos llenas la alegría auténtica, la esperanza que ilusiona, la verdad que fortalece y siembra paz en el interior. ¿De verdad nos vamos a conformar con lo que se nos vende sin sustancia, sin atractivo? ¿De verdad que nos vamos a contentar con la mediocridad cuando tenemos a la mano la excelencia? ¿Nos consuela ver que somos supuestamente mejores que los otros, cuando no vivimos lo que creemos? ¿Seguiremos teniendo miedo de lo que nos propone el mundo cuando se queda en los cuatro tópicos que no convencen a nadie? Demos sabor con toda esa alegría de la fe que nos llena de confianza y gozo.

3. Sois la luz del mundo. ¿Qué es lo que hay en el ambiente? La profusión de las ideologías. Montar el tenderete de lo mío, para tirar por tierra lo de los otros. No mirar tanto lo que nos une, sino lo que nos separa. La confrontación más que la unión. Los otros que son los malos y yo y los míos que somos los buenos. El campo abonado para dar gato por liebre. Lo que seduce antes de lo que es real y verdadero. Y nos abonamos cada cual a ese esquema mental ideológico en el que me siento cómodo, y me creo, esa “verdad inventada” que intento imponer a los otros para llevarlos a mi terreno. Y… tira millas. Sin darnos cuenta de que todo eso se va convirtiendo en una idolatría. ¿Dónde está ahí Dios? ¿Dónde están ahí la verdad y grandeza del Evangelio que pone a Dios en el centro, que propone el bien común antes que el bienestar, lo que es antes de lo que parece…?

Dios es Luz de los pueblos. Que crea, espere y te ame solo a Ti. María ayúdame a vivirlo así.

Santa Misa. V Domingo del T.O. Ciclo A
Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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