VIERNES SANTO. CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 2023

Es Viernes Santo. Escuchamos el tumulto, la multitud grita. ¡Qué distintos y oscuros son estos gritos a los que se escucharon en la entrada de Jesús en Jerusalén! Entonces, venerado como el que había de venir, como soberano que entra triunfalmente a lomos de un pollino. Ahora esos gritos exigen su muerte. Y luego mentiras, acusaciones para terminar en un silencio de soledad, de abandono, de sombría oscuridad. Dios mío ¿qué hemos hecho de Ti? ¿en qué te hemos convertido? ¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¿Dónde está la compasión de nuestro corazón? 

Escuchábamos tus palabras que iluminaban vidas insulsas, nos admirábamos de tus milagros que sanaban cuerpos heridos, veíamos con gozo cómo dabas libertad a las almas esclavizadas por el enemigo. Hacíamos eco en nuestros corazones a esas palabras de la Escritura Santa: “Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia”… ¿Y ahora? Solo podemos decir, perplejos: ¿cómo ha podido pasar todo esto…? No nos queda sino constatar lo que dijo de Ti el profeta: “No hay en Él parecer ni hermosura…” No sabemos qué decir. Oscurecidos por el pecado.

¿Dónde está tu belleza, Señor? ¿Dónde la has dejado? ¿Por qué ahora no vemos en Ti ese resplandor que brilló en el Tabor? Porque ahora toca Calvario, porque antes te mostraste revestido de tu divinidad, pero ahora estás revestido de pobreza, de precariedad, de suciedad, de todo lo negativo que podamos imaginar, porque has querido revestirte de mí y muestras en Ti todo lo que soy cuando te abandono. Jesús mío ¿cómo he podido llegar hasta aquí? No me reconozco.

1. Señor, Salvador, te cambias por mí. Estás ahí desnudo de divinidad, vestido de inmundicia. Despreciado, varón de dolores. Te miramos y la vista nos duele. Y nos preguntamos: ¿Yo creo en ése? ¿Me dejo llevar por eso? No vemos nuestra suciedad, pero Tú nos la muestras. Eres como un espejo que recoge toda esa negatividad que expulsa de mí esa grandeza con la que he sido creado. Te has cambiado por mí. ¿Dios mío? ¿Cómo has hecho eso? La belleza convertida en oscuridad. El bien convertido en sombras. Era la única forma de salvarme de toda esa apuesta orgullosa por mí mismo, de todo ese pecado que me hace repugnante. Dios mío, ¿cómo has hecho eso? 

2. Hoy la gente se ríe y no entiende nada. Tampoco yo termino de entenderte. Y me justifico, mirando para otro lado, sin dar la cara. Entretenido y ausente: quizás parapetado detrás de esa risa triste que esconde lo que deberían ser lágrimas de dolor de amor, de entrega, de cariño verdadero. Y no hay en mí sana alegría, sino amargura. Nos hemos terminado acostumbrando a la mediocridad de tanto mirarnos a nosotros mismos y no somos capaces de ver en Ti, para vivirlo en nosotros, la belleza del hombre que aprende a querer, porque sabe olvidarse de sí y abrirse a los demás. Sin embargo Tú, te haces siervo por nosotros, asumiendo todo lo nuestro para darnos todo lo tuyo.

3. Pero Tú, Señor, me comprendes y me amas. Sabes lo que hay en mi corazón. Líbrame de mis egoísmos, de mis ideologías baratas, de esos ídolos que deforman el corazón y lo vuelven amargo. Mi Dios y Señor, haces eso y me dejas lleno de perplejidad y vergüenza. Quieres salvarme de mí mismo, de mis veleidades. Y, sí, te haces mi espejo, para que reaccione y me vea viéndote a Ti. Mi Dios y Señor, ocupas mi puesto y te entregas por mí. ¡Cuánto amor sin merecerlo! Los santos han sabido seguir tus pasos. Quien pudiera… Maximiliano Colbe se ofreció para salvar a un padre de familia, y murió de amor, como Tú, dándose por él. Y yo ahora me avergüenzo de mí. Ayúdame.

¿Qué haremos, Jesús mío? Quererte. Acompañarte. Darte gracias. Despertar de nuestro sueño vano de prevalecer, de afirmarnos a nosotros mismos, de mirarnos sin capacidad de crítica, viendo con unos ojos tan cortos de miras… Ayúdanos a desterrar de nosotros todas estas vanidades, todos esos delirios de grandeza. Que nos veamos como Tú nos ves, para que no terminemos acusándonos y tirando la toalla. Hay esperanza, Tú te has dejado clavar en la cruz para clavar contigo todo lo que deforma la imagen tuya que quieres imprimir en nuestra alma. Quítanos ese miedo a seguir tus pasos, a abrazar la cruz que es salvadora. Ayúdanos a ser valientes para no asustarnos de nuestras equivocaciones y caídas. Gracias porque nos das a María como Madre. Ella nos pondrá en camino.

Viernes Santo. Se hace de noche, mueres por mí.
Viernes Santo. Santo Via Crucis
Viernes Santo. Oficios. Ciclo A
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