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VIGILIA PASCUAL 2025

SOLEMNIDAD DE LA VIGILIA PASCUAL. 2025

Reunidos en torno a ese fuego nuevo, que ha sembrado la luz entre nosotros, descubrimos la razón de nuestra esperanza: Cristo ha resucitado. Sí. En verdad ha resucitado. Han sido días muy intensos, en los que hemos tenido la oportunidad de mirar a Dios y dejarnos mirar por Él. Hemos podido guardar silencio e interiorizar tantas cosas… Podríamos decir, con Cristo: “tanto tiempo contigo, Jesús mío, y todavía no acababa de conocerte…”. Sin embargo, hoy la noche se hace día, hoy la oscuridad da paso a la luz. La negrura y el poder de las tinieblas pueden herir el corazón humano, pero no tienen la última palabra. El pecado, el gran enemigo de nuestra alma, ha sido derrotado por Jesús en la Cruz. Dios ha vencido, desde dentro, a la muerte. Hay razones para la esperanza, para estar contentos, para redescubrir el amor auténtico que da sentido a nuestra vida.

1. El fuego y la luz. Prende fuego en mi alma, Señor y Dios mío. Sí. Lo necesito más que nunca. Porque, por mí mismo, soy nada y menos que nada. Estos días hemos visto cómo el hombre, en su arrogancia, quiere apagar la luz de Dios en su vida. Es la vuelta al principio. Somos como Adán y Eva, que, seducidos por el enemigo, queremos echarle un pulso a Dios. Es la batalla de siempre, que hoy parece recrudecerse: el mal contra el bien. La Pasión se reproduce en cada corazón del hombre, que se cree capaz de ponerle límites a Dios. Cada Calvario, personal o colectivo, vuelve a poner sobre la mesa las dudas sobre Dios. Vemos tantos crucificados que parece que la fe no tuviera sitio en nuestra vida. Y perdemos la esperanza. Pero un Dios enamorado nos hace ver, con el sepulcro vacío, que ha vencido al sufrimiento, al dolor, y la propia muerte, y ahora se convierte en vida. ¿Qué haré, Señor? redimido por tu amor de Dios, no tengo más remedio que rendirme. Pon luz en mi inteligencia y fuego en mi corazón, para que no me quede como perdido dando tumbos por un lado y por otro, sin saber de dónde vengo y a dónde voy. Señor, Tú eres la luz que siembra claridades.

2. La Palabra de Dios en la historia. No somos hombres perdidos y sin identidad. Dios ha salido a nuestro encuentro. Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte. No es el hombre el que se ha tenido que inventar a Dios para dar una salida a sus traumas, a sus preguntas sin respuesta. Es al revés: Dios se ha mostrado como Padre bueno, para que vaya aprendiendo a ser lo que estoy llamado a ser: su hijo querido. A lo largo de los siglos, ha escogido un Pueblo enseñarle la identidad del hombre y la identidad de Dios. La Iglesia quiere recordarnos que somos memoria de Dios. Todas las lecturas de la Escritura nos quieren hacer ver lo que hay detrás: son una carta de amor de Dios al hombre, para explicarle las cosas, para irse revelando poco a poco, atraerlo hacia Él y decirle: hijo mío. Leer la Palabra de Dios es ir encontrándonos a nosotros mismos. Nos descubrimos en toda nuestra realidad. El Antiguo Testamento es preparar mente y corazón, para darnos cuenta de que Dios está constantemente tendiéndonos la mano y el hombre está rechazando ese amor suyo. La batalla diaria: la lucha de mi yo y el Tú de Dios. Jesús en el Evangelio lo culmina todo y nos redime.

3. El agua y el bautismo. En la tercera parte de la Vigilia Pascual todo gira en torno al agua y el Bautismo. Del Costado abierto de Cristo surgieron la Sangre y el Agua. Un manantial de vida que nos quiere llevar hasta la vida eterna. Los dos sacramentos que nos dan la vida verdadera. Vivir con Dios, de cara a Dios, merece la pena, es germen de auténtica felicidad. Ha salido en las noticias que ha subido mucho en los últimos años el número de los adultos bautizados. Qué importante es el Bautismo. Tenemos identidad bautismal: la gran dignidad de lo que somos viene de ahí. Soy sacerdote (puente a Dios), profeta (proclamo su palabra) y rey (convierto en oro la propia vida). Hacemos profesión de nuestra fe: renunciamos al enemigo, al pecado y a todas sus consecuencias porque hieren y siembran muerte en el alma. Y hacemos nuestra apuesta por Dios. Lo que todos los domingos decimos en el Credo, vamos a actualizarlo de manera solemne. Nuestra fe no es lo que yo veo razonable, lógico, lo que se ajusta a mi carácter, o mis intereses. Profesamos esa fe que llevó a muchos hermanos nuestros a derramar su sangre antes que renunciar a Dios. Tomar en serio a Dios es apostar por su persona y decirle: cuenta conmigo, siempre, ocurra lo que ocurra. Soy todo tuyo.

María Santísima la primera en ver a Cristo resucitado. Quiero ser como tú, María.

Sábado Santo
Sábado Santo. Solemne Vigilia Pascual. Ciclo C
Parroquia Nuestra Señora de la Moraleja
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