Queridos todos:
El papa León dirigió el Ángelus del 12 de julio en Castel Gandolfo:
«Jesús mismo, el Verbo hecho hombre, que dio la vida por nuestra salvación, es la semilla que el Padre sigue esparciendo en el mundo para que, muriendo, dé mucho fruto (cf. Jn 12,24).
Es verdad que, a veces, encuentra en nosotros un terreno duro e insensible; otras veces, un terreno distraído, semejante al suelo pisoteado de los caminos, al terreno pedregoso o a los matorrales de espinos. Pero hay momentos en los que encuentra una tierra receptiva y fértil, y entonces se producen milagros de amor capaces de cambiar todo lo demás, como ciertamente también nosotros hemos experimentado en nuestra vida. Por eso el Padre no deja de sembrar, porque sabe que el poder de su amor es más fuerte que nuestra debilidad (cf. 2 Co 12,9-10). (…)
La generosidad de Dios para con nosotros no es ingenua, sino sabia, y sabe descubrir en nosotros la posibilidad de un bien del que, a veces, ni siquiera nosotros mismos somos conscientes. Por eso el Señor, que conoce bien el terreno de nuestro corazón, mejor de lo que nosotros mismos lo conocemos, no deja de creer en nosotros, en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser, día tras día, si con fe nos abandonamos en Él. Así, de la gratuidad y la confianza con las que se esparce la semilla, y de la humildad y la disponibilidad con las que es recibida, crecen en nosotros y se difunden los frutos del Espíritu Santo, que son, como enseña san Pablo: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí” (Gal 5,22). ¡Cuánto necesita nuestro mundo de estos frutos, de ser colmado y transformado por ellos! Comprometámonos, entonces, especialmente en estos días de vacaciones, a dar espacio a la escucha, a la lectura y a la meditación de la Palabra de Dios, cultivando, junto con el descanso y la sana diversión, también momentos significativos de silencio y de oración».
Ahora que estamos ya plenamente en los meses de verano, estas recomendaciones de León XIV nos vienen muy bien para que este tiempo sea un espacio no solo para el descanso sin más, sino para vivirlo bien aprovechado también para Dios.